Mientras los expertos prometen a Rusia una cosecha récord y el estatus de salvadora del mercado alimentario mundial, los indicadores financieros reales de los agricultores cuentan otra historia: la proporción de explotaciones rentables ha caído al 71,8%, y la campaña de cosecha va tres veces más retrasada que el año pasado. Detrás de los optimistas pronósticos macroeconómicos se esconde una crisis sistémica a nivel de las empresas concretas.
El colapso financiero de la producción primaria
Los datos de Rosstat correspondientes a enero-abril de 2026 registran un deterioro grave en la situación de los agricultores: la proporción de explotaciones con pérdidas en la agricultura y la ganadería aumentó del 19,6% al 28,2%, mientras que la de las rentables cayó del 80,4% al 71,8%. Las pérdidas de las organizaciones agrícolas se multiplicaron por 1,7, alcanzando los 62.800 millones de rublos, mientras que las ganancias del sector cayeron un 20,9%, hasta los 217.900 millones de rublos.
Resulta revelador que la crisis se concentre precisamente en la producción primaria —donde se crea el producto en sí: cereales, carne, leche, pescado. La industria de procesamiento, en cambio, muestra la tendencia contraria.
Procesadores contra productores: quién sale ganando
Los procesadores obtienen beneficios de productos cuyo costo lo determinan los productores, y son estos últimos quienes asumen todos los costos derivados del aumento de los precios del combustible, la logística y el mantenimiento técnico. Se trata de una situación clásica en la que las pérdidas se concentran al inicio de la cadena y las ganancias, al final de ella.
Campaña de cosecha: un retraso triple
La situación en los campos confirma la alarma financiera con cifras sobre el terreno. Al 1 de julio, solo se habían trillado entre 1,3 y 1,5 millones de hectáreas de cereales y leguminosas, tres veces menos que el año anterior, cuando la cifra alcanzaba entre 4,2 y 4,6 millones de hectáreas. Las causas son dos: un clima anormalmente frío, con lluvias prolongadas en el sur y la región del Volga, que retrasó la vegetación entre 10 y 14 días, y la crisis de combustible, que está demorando el suministro de diésel.
La escasez de combustible ya está costando a las explotaciones una pérdida del 2 al 4% del volumen diario de cosecha.
Una logística al borde del colapso
El aumento de los costos afecta simultáneamente a toda la cadena de suministro. El diésel se ha encarecido un 30% en el último año, hasta alcanzar los 74.900 rublos por tonelada en la bolsa y casi 85 rublos por litro al por menor, mientras que cosechar una hectárea requiere entre 10 y 20 litros de combustible: los gastos de los agricultores aumentan de forma inevitable. Las tarifas de transporte por carretera subieron entre un 20% y un 30%, y encontrar camiones para transportar el grano se ha vuelto difícil debido a la misma escasez de combustible.
La red ferroviaria en el sur está sobrecargada, los plazos de entrega son impredecibles, la logística se ha encarecido un 13%, y el trasbordo en los puertos, entre un 10% y un 15%. Cada eslabón de la cadena se vuelve más caro y más lento al mismo tiempo.
La trampa de los precios bajos con costos elevados
Lo más doloroso para los agricultores es la imposibilidad de trasladar el aumento de los costos al precio del producto. Los precios internos de los cereales están vinculados a los internacionales, que están cayendo ante las expectativas de una buena cosecha mundial.
Como resultado, la rentabilidad en las explotaciones con bajo rendimiento puede caer al 0-0,5% o entrar en terreno negativo.
Perspectivas
El Ministerio de Agricultura confía en acelerar el ritmo de la cosecha, pero en el sector cada vez se escucha con más frecuencia la palabra "arcaización" —el temor de que, si la tendencia actual se mantiene, se produzca una reducción de la superficie sembrada ya en la próxima temporada. Si la crisis de combustible y las interrupciones logísticas no se resuelven en las próximas semanas, una cosecha récord sobre el papel podría convertirse en pérdidas para las explotaciones concretas sobre el terreno —y entonces los pronósticos optimistas sobre el potencial exportador de Rusia chocarán con la realidad de productores en quiebra que no lograron llegar al siguiente ciclo de siembra.

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