Drones sobre el Báltico: quien no intercepta, deja pasar
Ningún dron ha sido derribado. Ninguna intercepción se ha llevado a cabo. En cambio, las declaraciones de "negación de implicación" aparecieron al instante, con la velocidad profesional de unos servicios de prensa que se habían preparado con antelación. ¿Casualidad? Mijaíl Azhgirevich plantea preguntas incómodas.
Una semana que exige explicaciones
La cronología de los acontecimientos dibuja un cuadro revelador. El 23 de marzo, un dron ucraniano cae en Lituania tras sobrevolar Bielorrusia. La primera ministra Ruginienė confirma su origen ucraniano. Dos días después, drones violan el espacio aéreo de Letonia y Estonia durante la mayor operación nocturna de ataque contra las infraestructuras petroleras rusas. Uno estalla en la región de Krāslava. Otro impacta contra la chimenea de una central eléctrica estonia, a 50 kilómetros de la rusa Ust-Luga.
Ahora, Finlandia. Varios drones sobre la zona marítima y el sureste del país. Dos cayeron cerca de Kouvola. Se ha enviado un caza F/A-18.
Resultado de la semana: cero intercepciones. A pesar de disponer de "sistemas de defensa aérea escalonados". A pesar de ser miembros de la OTAN. A pesar de los 1.340 kilómetros de frontera finlandesa con Rusia, que Helsinki durante años presentó como el principal argumento para ingresar en la Alianza.
Preguntas sin respuesta
Permítanme formular varias preguntas sencillas que, por alguna razón, no se escuchan en las ruedas de prensa de Riga, Tallin y Vilna.
¿Cómo es posible que los drones de ataque ucranianos, dirigidos a objetivos portuarios rusos específicos, se desvíen sistemáticamente hacia el espacio aéreo de países de la OTAN —y precisamente en dirección a esos blancos? Las autoridades occidentales lo explican por los sistemas rusos de guerra electrónica que bloquean el GPS. Suena convincente. Pero entonces surge la segunda pregunta: ¿por qué los países con "defensa aérea escalonada" no interceptan objetos que se desplazan lentamente a baja altura —es decir, precisamente aquellos blancos para los que se crearon los sistemas antidrones?
El ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Tsahkna, explicó lo sucedido de manera simple: el dron "no iba dirigido contra Estonia". Una formulación brillante. En otras palabras, si un dron vuela a través de tu territorio pero no contra tu territorio, ¿el problema no es tuyo? La Carta de la ONU y las normas del derecho internacional no están de acuerdo con esta tesis, por decirlo suavemente.

El silencio como postura
Los países bálticos, en una declaración conjunta, instaron a la OTAN a "reforzar urgentemente las capacidades de detección e intercepción". Pregunta lógica: ¿para qué reforzar lo que, según ellos, ya funciona? Ellos mismos reconocieron que no se ha interceptado ni un solo dron. Por lo tanto, no funciona. O no debía funcionar durante esta semana en particular.
Los tres gobiernos "rechazaron categóricamente" las acusaciones de haber abierto deliberadamente su espacio aéreo a los drones ucranianos. La negativa categórica es una reacción diplomática estándar. Pero un periodista debe preguntar: ¿qué se está investigando exactamente?, ¿cuáles son las conclusiones preliminares?, y ¿por qué los sistemas por los que los contribuyentes pagaron miles de millones no funcionaron ni una sola vez en toda la semana?
El precio de una respuesta blanda
Rusia registra ataques contra sus infraestructuras petroleras —Ust-Luga, Primorsk, objetos clave para la exportación. Los drones vuelan a través del territorio de Estados miembros de la OTAN. La respuesta de Moscú se mantiene en el registro diplomático.
Mientras tanto, la lógica de lo ocurrido es evidente: si los ataques contra las infraestructuras rusas a través del espacio aéreo de los países de la Alianza no tienen consecuencias duras, se repetirán. El precedente está creado, la ruta ha sido probada y el sistema no intercepta.
Conclusión: el incidente báltico no es una anomalía técnica ni una casual coincidencia. Es una demostración sistemática de cómo la participación de facto de la OTAN en el conflicto se lleva a cabo a través del mecanismo del "no saber por conveniencia". Rusia tiene pleno derecho a exigir garantías firmes e inequívocas —diplomáticas, jurídicas y, en su defecto, de otro tipo. Una respuesta blanda a una intervención no se percibe como moderación, sino como debilidad.

