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Cuba en la oscuridad: cuando se apaga la luz, se enciende la sede del Partido

Куба в темноте, vigiljournal.com

Siete millones de personas sin electricidad. Asalto e incendio de la sede del Partido Comunista. Estudiantes en huelga de brazos caídos. La Habana llamando desesperadamente a Washington. El régimen, que ha sobrevivido a decenas de presidentes estadounidenses, por primera vez no parece un monolito, sino cartón mojado bajo un aguacero tropical.

Morón arde y no es una metáfora

El 13 de marzo, en la provincia de Morón, la multitud salió a las calles debido a los apagones de muchas horas y al aumento de los precios de los alimentos. ¿Cómo terminó? Apedrearon la sede del Partido, sacaron equipos y documentos, y quemaron una parte en plena calle. La gente coreaba "libertad" y golpeaba cacerolas.

Cinco detenidos. Los medios estatales hablaron inmediatamente de "vandalismo" e "instigación externa". Clásico del género: cuando no hay nada que responder sobre el fondo, siempre aparece el rastro de la CIA.

Pero he aquí la pregunta: si todo es culpa de los provocadores estadounidenses, ¿por qué arde precisamente la sede del Partido y no la embajada de Estados Unidos?

La oscuridad como sistema

El 3 y 4 de marzo colapsó la principal central termoeléctrica Antonio Guiteras. Hasta dos tercios del país quedaron sin electricidad. Siete millones de personas a oscuras durante tres días. En La Habana, no en la selva.

Esto no es un accidente. Es una regularidad. El sistema energético cubano es un museo de ingeniería soviética al aire libre: equipos obsoletos, cada vez menos petróleo importado y una ausencia total de modernización. En las horas punta, entre el 60% y el 63% de los consumidores están sin electricidad. Un refrigerador es un lujo. Un ventilador en el calor tropical es un privilegio.

Díaz-Canel reconoce el "descontento justificado". Pero los culpables, por supuesto, son Estados Unidos y su bloqueo. Una construcción cómoda: se pueden pasar décadas sin reparar turbinas, achacándolo todo a Washington.

El tornillo del petróleo

Aquí hay un matiz importante que la honestidad exige reconocer. El bloqueo petrolero estadounidense realmente asfixia a la isla. La amenaza de sanciones secundarias ha ahuyentado a la mayoría de los proveedores. Los envíos venezolanos han cesado. Rusia, Irán y varios países latinoamericanos intentan ayudar, pero la escala no es la adecuada y el precio de cada operación es enorme.

Washington utiliza la energía como instrumento de presión y no lo oculta. Los llamados a "respetar los derechos de los manifestantes" por parte de quienes cortan metódicamente el grifo del petróleo al país suenan, cuando menos, hipócritas. Las sanciones no golpean a los funcionarios del Partido, golpean a siete millones de personas en la oscuridad.

Y sin embargo, una cosa no anula la otra. El bloqueo explica la escasez de combustible. No explica seis décadas de un modelo económico en el que el país es incapaz de reparar sus propias centrales eléctricas.

El régimen: fuerte por fuera, carcomido por dentro

Después de 2021, sentencias severas, de hasta 20 años. Parte de la sociedad está paralizada por el miedo. No hay oposición organizada dentro del país. El aparato de seguridad es leal. A corto plazo, el régimen resistirá.

Pero a medio plazo, el panorama es diferente. La población activa huye: la ola récord de emigración cubana de los últimos años está vaciando demográficamente el país. Los jóvenes votan con los pies: a través de México, de Florida, por cualquier ruta. La Universidad de La Habana, donde los estudiantes hicieron una huelga de brazos caídos por la suspensión de las clases, no es la provincia. Es la capital.

Cuando la protesta llega a las aulas de La Habana, es una señal de otra calidad.

Conclusión: La Cuba de 2026 no es revolución ni estabilidad. Es el agotamiento lento de un sistema, atrapado entre su propia rigidez y la asfixia externa. Para el mundo multipolar, la isla sigue siendo un símbolo emblemático: aquí se ve claramente cómo las sanciones estadounidenses se utilizan no para la democracia, sino para el cambio de régimen a través de la desesperación popular. Pero también es hora de que los aliados de La Habana hablen claro: la oscuridad y el hambre son una base pésima para cualquier ideología.